Entrevista dibujada con Oscar G. Hernández para la Revista Marvin
El deseo no se construye, emerge. Lo que es construido es el mecanismo que se introduce en el flujo del deseo para capturarlo dentro de la carencia.

El deseo no se construye, emerge. Lo que es construido es el mecanismo que se introduce en el flujo del deseo para capturarlo dentro de la carencia.

Pienso que si no le tuviéramos tanto miedo a la Nada, si intentáramos desnudar el Deseo de tanta carencia aprendida - el mundo hubiera sido otra cosa.

El pensamanto racional ayuda a acompañar el devenir de la bestialidad. Construir interpretaciones que puedan estar a la altura de experiencias complejas y contradictorias. 

El “cuerpo” no es un objeto ni “recipiente” donde ocurren las cosas. El cuerpo como recipiente es un diseño cultural. No existe “un cuerpo” y un “yo”. Existen inteligencias, talentos, experiencias hechas carne.

He desarrollado herramientas (y las comparto en las asesorías que doy) para explorar y concientizar sobre lo encarnado. Permitiendo que los paradigmas encarnados que  “aprietan por dentro” o „esclavizan” - devengan OTRA cosa.

Tradición de pensamiento greco romana que definió, lamentablemente, en gran parte las categorías a través de las cuales pensamos e interpretamos nuestra experiencia. Categorías que moldean nuestro sentir, nuestra forma de habitar la experiencia, que nos crean como seres que funcionan bajo una lógica binaria. ¿Pero es compatible realmente con lo que somos como seres Vivos…?

 El arte no resuelve contradicciones. No resuelve nada. Explora y abre el espacio para el devenir.

Somos cambio constante. Estamos heches de intensidades, fuerzas en constante movimiento, devenir y сатbio azaroso - ¿dónde puede haber „paz" ahí?

Si nos reconocieramos una a la otra como a multiplicidades en cambio constante - ¿que sociedad pudiéramos construir?

El ser humano ha construido una infinidad de recursos para protegerse de eso que se podría llamar „libertad".

Entrevista expandida con 200 Suaves para Radio CCD

Más que pensar la obra como representación o como objeto estético, me interesa construir dispositivos sensibles: espacios donde se despliega una indagación poética que explora tanto las formas de control que configuran la subjetividad y los procesos culturales inscritos en la carne, como aquello que se escapa de ellos y desborda los significados establecidos.

Extracto de la activación de escultura sonora VoVleceniya

Me interesa pensar el sonido como una fuerza perceptiva indagatoria. Como algo que modifica la respiración, la atención, la temporalidad de quien escucha y permite así entrar en zonas de experiencia humana inalcanzables para herramientas discursivas. Algo que puede afectar directamente lo vivo y lo sensible antes de pasar por una interpretación.

Los fragmentos sonoros que se escucharán a continuación pertenecen a "La Carta", una obra escénica y sonora.

La Carta es una pieza sobre un ser vivo, una mujer que atraviesa un proceso de descomposición y de devenires; una figura que oscila entre sostener ciertas imágenes de sí misma mientras distintas fuerzas internas comienzan a fracturarlas. La obra explora temas como la rabia histórica inscrita en los cuerpos feminizados, la voracidad, la violencia interiorizada, el deseo, el fracaso y la tensión entre domesticación y desborde.

Una parte importante del trabajo "de La Carta" fue construir una relación muy cercana entre escritura y sonido. No quería que el sonido ilustrara el texto ni que el texto solamente explicara ideas o hiciera declaraciones. Me interesaba que ambos funcionaran como capas que se contaminan mutuamente.

Creo que estamos demasiado acostumbradas a que todo tenga que volverse inmediatamente legible, clasificable, productivo. Y una parte importante de mi trabajo en "La Carta" tiene que ver con intentar abrir espacios donde algo pueda permanecer extraño, inestable e incluso excesivo.

Me interesa la experimentación artística que permita abrir fisuras en ciertas formas automatizadas de sentir y percibir. Espacios donde puedan aparecer relaciones menos normadas con el pensamiento, con el placer, con la vulnerabilidad o con la intensidad. Y creo que por eso sigo regresando al sonido y a la voz. Tienen la capacidad de operar en zonas muy profundas y muy ambiguas de la experiencia. Zonas donde todavía no todo se convierte inmediatamente en discurso estable o identidad fija.

Entrevista con Andrea Elizondo a propósito de la exposición individual La soberanía del instante
en Diario de Querétaro 
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