Cuerdas reúne una serie de instalaciones sonoras e instrumentos-escultura desarrollados a partir de la exploración de mecanismos de tensión, repetición y autorregulación inscritos en la experiencia contemporánea.

Las piezas consisten en ensamblajes de cuerdas, estructuras plegables y superficies resonantes diseñadas para ser activadas performáticamente mediante fricción, presión, vibración y contacto corporal. Micrófonos de contacto capturan las vibraciones producidas sobre los materiales y la señal es amplificada y procesada digitalmente, expandiendo sus posibilidades tímbricas y espaciales.

Más que representar estados psicológicos o sistemas de control, las instalaciones buscan articularlos como campos materiales de experiencia. Las tensiones culturales interiorizadas —formas de vigilancia, culpa, exigencia, regulación afectiva o identificación— aparecen aquí desplazadas hacia configuraciones sonoras, táctiles y vibrátiles que pueden ser recorridas, moduladas y transformadas.

La serie surge de una sensación persistente: una red de fuerzas tensando el pensamiento, organizando la sensibilidad y orientando la experiencia hacia circuitos repetitivos. Las cuerdas funcionan como materialización de esos entramados invisibles. Al ser activadas, dejan de operar únicamente como estructuras de sujeción y se convierten en superficies de variación, resonancia y exploración perceptiva.

Algunas configuraciones incorporan voz, movimiento, texto y procesamiento en tiempo real, generando situaciones donde el cuerpo entra en continuidad con el instrumento: tocar es también ser tocada por el sistema vibrátil que emerge.



En vez de intentar desenredarme, usar la sujeción.

Tocar las cuerdas hechas de las interdicciones.

La prohibición diseñada para detenerme deviene instrumento.

Anhelos de reconocimiento enredando las muñecas.

Creencias depositadas en proyectos de existencia jalando el cuerpo en múltiples direcciones.

Innumerables culpas construyendo una telaraña de lamentos.
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