La Carta es un monólogo performático expandido construido a partir del texto de una carta y de una serie de escrituras posteriores que transitan entre confesión, delirio y ensayo poético.
La pieza integra voz, movimiento, sonido, iluminación y pintura en un dispositivo escénico inmersivo donde la palabra hablada se fragmenta progresivamente hasta devenir canto, respiración, ruido, grito y vibración corporal.
A lo largo de la obra, una figura femenina se desplaza entre múltiples estados —zarina, huérfana, amante, bestia, víctima, fuerza excesiva— atravesando las estructuras afectivas y culturales que organizan la experiencia contemporánea. El escenario funciona como un campo de fricción donde deseo, identidad, lenguaje y autoimagen entran en tensión constante.
La primera parte de la pieza surge desde una escritura visceral, acelerada y desbordada. La segunda se desplaza hacia una zona más reflexiva: un ensayo poético encarnado donde el pensamiento aparece no como explicación, sino como intensidad sensible.
La Carta no busca representar una teoría ni ilustrar conceptos, sino producir una experiencia de desordenamiento de los significados y sentidos. Un intento de abrir fisuras en los mecanismos interiorizados que organizan la sensibilidad, el deseo y la percepción de una misma.
La voz opera como materia mutable: pasa del monólogo al canto, del lenguaje articulado a la ruptura fonética, mientras el cuerpo atraviesa estados de contención, saturación, impulso y suspensión. La iluminación y el paisaje sonoro construyen atmósferas de densidad variable que expanden la escena hacia territorios cercanos al sueño, la sobrecarga o el extrañamiento.
Las partituras gráficas de gran formato presentes en escena funcionan como registros materiales de estados internos, intensidades y movimientos perceptivos retratados en el monólogo. El espacio entero se convierte en una membrana sensible donde sonido, gesto, texto e imagen se contaminan entre sí.
Más que una narrativa cerrada, la pieza propone una deriva: un acercamiento a aquello que excede los significados estabilizados y empuja la experiencia hacia zonas ambiguas, incómodas y abiertas.
¿Alguna vez han sentido el deseo desnudo, antes de ser atrapado por la carencia?
La necesidad de llenar el vacío con entretenimiento, relaciones, éxito o reconocimiento.
La insistencia de las identidades.
Los músculos tensados por mandatos invisibles.
La subjetividad como guión repetido hasta el agotamiento.
La insistencia de las identidades.
Los músculos tensados por mandatos invisibles.
La subjetividad como guión repetido hasta el agotamiento.
Una mujer que deviene bestia.
El lenguaje que se rompe.
Un pensamiento que intenta permanecer insistente incluso al borde de su propia descomposición.
El lenguaje que se rompe.
Un pensamiento que intenta permanecer insistente incluso al borde de su propia descomposición.
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